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A las ocho en Moncloa

por romaveste
viernes, 13 de marzo del 2009 a las 20:50
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 Os dejo un relato. Que lo disfruteis.

 

     Era sábado por la tarde. Sonó el teléfono y era Nuria, mi novia. Nos citamos en Moncloa para darnos los arrumacos acostumbrados. Me acicalé como correspondía y marché para nuestra cita.

     El metro a tope, oliendo a podrido, como siempre, la verdad.

     -"Alguno de los presentes no se ha duchado", pensé. "O bien, se adelantó al botellón". 

     Iba pensando en Nuria: la melena larga, de color castaño oscuro y oliendo a limpio, a heno recién recogido y apilado en grandes balas, o esparcido en algún cobertizo.

     Bueno, como siempre llegue temprano al lugar de nuestra cita.  Y como siempre me tocaba esperar. Y nunca aprendía. Debería saber que cuando se cita con una mujer a una hora, se debe llegar tarde por sistema. Pero en fin, allí estaba yo. Pasaban quince minutos de las siete. Aun tardaría en venir, calculé que una media hora, si no era más. Me resigné y me apoye en la pared del bar donde nos habíamos citado. Era la zona de bares donde se reunía toda la juventud que salía de copas. Saqué un cigarrillo y lo encendí.

     Las chicas y chicos no paraban de pasar, de aquí para allá, de todas las edades y condición. Los observaba. La verdad, eran unos pipiolos. No llegarían a los quince años, pero se comportaban como si tuvieran veinticinco.

     En un momento se me acercó un tipo.

     -"¿Te puedo hacer una pregunta?"

     Ante eso, me quedé paralizado. Alucinado.

     Pensé que era un tipo que no era de la ciudad, por lo que haciendo un alarde de mi educación y dando fama a lo abiertos que somos y simpáticos, le dije:

     -Adelante.

     Al mismo tiempo que sacaba de su bolsillo derecho un pincho, una navaja, me pregunto el cacho cabrón:

     -"¿Me das el dinero, o te lo tengo que quitar a la fuerza?"

     Me quedé pasmado, asustado no, tal vez un poco, no mentiré, pero el tipo, pensándolo fríamente, tenía su gracia, tenia su arte.

     Saqué, y era verdad, todo el dinero en monedas que tenía en el bolsillo, que era poco.

     El tipo me miró con asombro, casi riendo, y me contagio la risa tonta que nos sale cuando estamos nerviosos.

     -"¿Me tomas el pelo?" -dijo.

     -"No, en serio que no. Es lo único que tengo encima."

     En esto que se rascó la cabeza con la mano que no tenía ocupada. Chasqueó la lengua con un gesto torcido en el rostro. Se encogió de hombros, como resignado y me quitó el dinero. Se despidió de mí con una inclinación de cabeza y para colmo, para reírse o que se yo, me dio un apretón de manos, como si fuéramos colegas de toda la vida.

     Increíble.

     Si me lo cuentan no lo creo. Es imposible creerlo, pero ocurrió así.

     Me dejó tan descolocado, que cuando se fue, me dio la impresión de que no había ocurrido, o bien, si de veras había ocurrido, había sido muy lejos de allí. Tal vez en otra vida. En otra dimensión.

     El caso es que no hice nada. No pedí ayuda. Es mas, me resulto hasta gracioso. Ocurrente. Alucinante.

     Miré mi reloj, que por cierto ahora que lo pienso, no me pidió. Menos mal; los viejos se ahorrarían comprar otro.

     Pense en Nuria. En su esbelta figura. En el calor de su regazo. En su pelo largo cobrizo, besado por los labios del viento. Qué hermosa era. Qué belleza, qué encantadora y sensual belleza. Igual que una musa. Una dama árabe en la corte de Almanzor en Cordoba.

     Pasaban veinte minutos de las siete y parecía que aquel episodio había durado horas. Pero no le di mayor importancia, A fin de cuentas se había llevado una minucia.

     Encendí otro cigarrillo para apartar de mí los malos sentimientos...

    

    Al poco se me acercaron tres tipos con el pelo cortado a cepillo. Signos nazis en las camisetas. Las típicas bombers por chupas y las Dr. Martins calzadas en los pies. Me han dicho que la puntera es de metal, un arma demoledora si sabes donde impactar con ellas.

     No sé porqué, pero yo tengo mala suerte.

     Se fijaron en mí.

     No sé la razón, ¿o si? ¿Por qué llevaba una camiseta de los Kiss? ¿O una chupa de tejido de jeans con un parche en la espalda de AC/DC? Seguro que fue por eso.

     Se me acerco uno de ellos.

     -¿Qué pasa bicho? -Me escupió a la cara.

     No respondí. Miré a mi izquierda y después a mi derecha. Buscaba una escapatoria factible para que aquellos malditos skins no me molieran a palos, me trituraran e hicieran conmigo emparedados.

     -Levanta el brazo, -me dijo uno de ellos -si no quieres que te abra la cabeza como a un insecto.

     Os diré que mis únicas banderas que me hacen levantar son las bragas de una mujer,  a poder ser, negras y con encaje, y el único himno al que sigo y que me hace estremecer son dos birras en una barra de bar y esperar ver salir el sol. Mi nación es el heavy y yo. Así que, os imaginaréis, que levantar el brazo a modo de saludo, como que no va conmigo. Iba a ser que no...

     "Una puta mierda te comas cabrón rapado de los cojones".

     Sus colegas de andanzas reían como verdaderos poseídos por el mismísimo Adolf Hitler. Si hubieran estado mis coleguitas nos hubiéramos enfrentado en una pelea callejera. Libraríamos una batalla y quien saliera triunfador disfrutaría de una buena birra, y si se perdía, pues también, que coño. Una buena birra y a lamerse las heridas.

     En esto que a una distracción, les hago la señal del pajarito con el dedo corazón en alto y me doy el piro como un vampiro. Desaparecí de la escena como tragado por la tierra. Volando como alma que lleva el diablo.

     Corrí por las calles atestadas de seres humanos que buscaban su distracción, mirando incesantemente a mi espalda por si aquellos descerebrados me persiguieran, con tan mala suerte, que fui a chocar contra un guripa, un policía.

     Mirad que es grande la ciudad y me voy a dar de bruces contra un policía.

     "Joder. Que me lleven a Sing Sing si les sale de las pelotas, pero que me dejen dormir, a ver si este puto día se acaba ya de una jodida vez".

     El tipo, rondaría los cuarenta años más o menos. La gorra con la visera larga, le dejaba el rostro en penumbra, sólo rota por la sonrisa que se le adivinaba en la oscuridad. La porra era grande y larga. Y por supuesto su inseparable pipa colgada en su cinturón.

     Me percaté de que tenían los escudos estos de metacrilato o similar, fuera del furgón. Dentro y protegidos, observe otras figuras, no se cuantos eran, pero una cosa os diré, acojonaban. Acojonan un huevo estos tíos, con su pinta de Sheriff Lobo, garrulos como ellos solos

     -"A ver muchacho, la documentación."

     Saqué la papela y se la entregue. Pidieron mis datos a la central; como suena, a la maldita central de la policía.

          Yo estaba separado del vehículo, escoltado por un marine estadounidense de lo grande que era aquel guripa.

     Oí la estática de la radio de la policía y, de mí para vosotros, no entendí nada y apuesto a que el policía tampoco.  Pero me ficharon. Joder. En fin...

     Sentí como si me perdonaran la existencia. Pasé de ejecutado a ejecutor en segundos.

     Intenté explicar mi problemática pero ni por asomo me dejaron decirles nada. Decidí, maldiciendo para mis adentros, regresar al lugar donde Nuria y yo nos habíamos citado. Confieso que sin ninguna esperanza de encontrarla

     Mi reloj marcaba las ocho de la tarde.  Llegaría y allí no estaría.

     Pero no obstante, decidí seguir caminando. Sin prisa pero sin pausa.

     Al llegar al lugar de nuestra cita, sorpresa, allí estaba ella. Tan radiante y esplendorosa como siempre.

     -"¿Qué ha pasado? Llegas un cuarto de hora tarde" -me dijo.

     La cara es el espejo del alma, eso es lo que se suele decir. Pues bien, Nuria destilaba enfado como una fabrica de cerveza destila la cebada. Si hubiera podido me hubiera asesinado a los ojos de todos.

     Estaba desaliñado: la camiseta empapada en sudor, el pelo revuelto y realmente, sin ganas de discutir, sólo de entrar a un cajero automático, tirar de visa, de los pocos ahorros que tenía en esos momentos, sentarme en una barra de un pub, escuchar el último tema de "Metallica" y esperar el momento de relajarme.

     Sólo acerté a decir:

     -"Tranquila, mi vida. Me entretuve con amigos. Es que verás, Madrid está que arde."

    

 

 

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Comentarios sobre A las ocho en Moncloa

Nuria Nuria

Jjajajajjajajajaaj, espero que no sea cierta la historia, me he reido mucho, no se puede tener tan mala suerte en tan poco tiempo, y salir sin un ojo morado. Por lo menos espero que la cita terminara en condiciones........... jijijijijijiji

Bueno ya seguiré leyendo, me ha gustado mucho tu block.

besitosssssssssssssss

Puede ser veridica o no. Lo dejaré en suspense...

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romaveste

romaveste escribió esta anotación hace 8 meses. En ella habla sobre Relatos.

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Signum: Bajo la sombra del águila. (romaveste)
Gracias Policarpo...Espero que todo se de como debería...Te confieso que estoy con una mezcla de ......(25 nov)
Signum: Bajo la sombra del águila. (Policarpo)
Te deseo un gran éxito, que sea equiparable al trabajo que te ha costado.¡¡¡ Enhorabuena !!!...(18 nov)
Signum: Bajo la sombra del águila. (romaveste)
Si que hay mas. Pero habra que esperar. Esto solo es un adelanto de la publicación. Como ya he ......(28 oct)
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